«En Marruecos entre la población nativa no estaba prohibido el consumo de drogas. El fumar kiffi era equivalente a fumar tabaco en España. Esta planta se cultivaba por los moros sin ningún problema. Por otro lado los musulmanes, al no tomar bebidas alcohólicas, su vida social en lugar de girar alrededor de una copa o vaso de vino, como ocurría entonces en la Península, transcurría compartiendo una argila. No es de extrañar que estas costumbres morunas fueran adoptadas por los legionarios. En definitiva, el concepto de la droga de entonces en nada se parece al de ahora pues no había pinchazos ni droga dura. Simplemente era una costumbre de aquel pais. No obstante, conviene aclarar que el hecho de que algunos legionarios fumaran droga no quiere decir que ello estuviera permitido. Todo lo contrario, su consumo estaba perseguido y severamente castigado pues, según se tratase de la primera vez o se fumara reincidente, el correctivo impuesto oscilaba entre 15 y 60 días en el pelotón de castigo.
El kiffi (en Larache) y luego la grifa en el Sahara se fumaba, dentro de un rito especial. Había dos formas fundamentales: en pipa y en argila. La pipa, se componía de dos elementos: el simisi, que era el palo de la pipa, generalmente de confección artesanal y muy decorado por el propietario y el eskai o cazoleta. La argila era un recipiente con agua o una cantimplora la más de las veces, con un orificio en un lado, por donde se introducía una goma. La grifa se colocaba en la boca de la cantimplora, se llenaba ésta de agua y se inhalaba el humo. El nombre procede del narguile árabe que puede verse hoy en muchos países afro-asiáticos.
La grifa se llevaba colgada al cuello sobre el pecho, en un saquito de piel, llamado metue, que el sudor hacia que se mantuviera en buenas condiciones de humedad. Los que fumaban grifa, eran conocidos como vacilones y kies y la grifa más famosa era la llamada pura de Ketama. Los que perseguían a los vacilones, eran llamados cazakies. Los dos juegos principales de cartas (no sé si también en Larache pero si al menos en la época del Sahara) eran el cané y el gilei, ambos de envite, existiendo siempre alguien vigilando, para dar el agua si se aproximaba algún mando. El antiguo legionario Figueredo nos cuenta como ocupaban algunos legionarios (él con sus amigos pues de todo había lógicamente) el tiempo libre en la época Larache:
”(…) Allí cada vasca teníamos nuestros garitos de ocio. En el Krimda podíamos salir con la ropa de faena. Distinto era el caso de T’Zenin, un poblado algo más grande, en donde había otro colorido, sobre todo de uniformes pues nos juntábamos la Legión, Regulares, Caballería, la Mehala, etc. y al salir por la puerta principal lo hacíamos con traje de paseo brillante, pasando previamente una revista en el cuerpo de guardia. Pero volviendo a la gaba aquello era una maravilla. Allí formábamos nuestros corros o vascas, en donde corría el juego, entonces, la carteta, el cané, los montones, etc. mientras en otros garitos hacíamos el té, grandes chocolatadas, picábamos nuestras kimitas de buen kiffi y nos fumábamos buenas arguilas y simisis, pues entonces no tenía la peligrosidad que hoy falsamente le han dado. Siempre con algún colega para dar el agua o alarma por si se veía venir algún Oficial a caballo, como ocurría muy a menudo. Entonces si nos pillaban desprevenidos volaban las cartas y casi todo el dinero, especialmente los billetes de peseta pues algunos se perdían por el aguililla de turno.
Por aquellos tiempos, el jugar y fumar no estaba tan castigado, pero si perseguido. Si te pillaban in fraganti te hacían romper las barajas carta a carta y pisar con el caballo la tabla donde tenías el costo. Si decías mi Teniente o mi Capitán nos ha dado usted el día, entonces te podían caer algunos días sin marcha con un arresto de prevención o sin salir de la Compañía, las dos horas fregando el suelo o barriendo y nada más.” »
La